Editorial de la Z101digital.com
Déficit
Una reforma fiscal a la vista
Hemos construido una estructura tributaria que penaliza a los menos pudientes, exime a los poderosos y castiga, fundamentalmente, las esferas del consumo, perjudicando severamente a la mayor parte de la ciudadanía, compuesta por la clase media y la amplia franja de los pobres
Pesados y nunca bien recibidos, los impuestos tienden a ser odiosos, rechazados de antemano por la población. Nuestro país, que ha tolerado unas seis reformas fiscales en los últimos diez años, tiene razones suficientes para repensar su esquema tributario y diseñar, con integralidad y racionalidad, una estructura y administración tributaria eficiente.
Sin embargo, esta visión de las medidas impositivas ha de concebirse como un mecanismo de desarrollo sostenible y a largo plazo, y no como un castigo fiscal contingente.
Desde antes de las elecciones del pasado 20 de Mayo, el anuncio de una nueva reforma fiscal, se proyecta ineluctable para el país.
Con un déficit fiscal que, según economistas y entendidos, ronda los 50 mil millones de pesos a la fecha, más el acumulado del Banco Central (por encima de los 200 mil millones de pesos), el gobierno se avoca a transitar el mismo camino de los impuestos, intentando solucionar, nueva vez, situaciones propias del ámbito ordinario de la economía.
Las precariedades del sector eléctrico, y, sobre manera, la gran deuda social que por décadas ha arrastrado la nación dominicana, empujan al nuevo gobierno a buscar recursos por la vía directa y su fuente por excelencia, es decir, aumentando la presión tributaria.
Hemos construido una estructura tributaria que penaliza a los menos pudientes, exime a los poderosos y castiga, fundamentalmente, las esferas del consumo, perjudicando severamente a la mayor parte de la ciudadanía, compuesta por la clase media y la amplia franja de los pobres.
Inequidad, asimetrías y desajustes en las exenciones fiscales, caracterizan una administración tributaria que no resiste nuevos “remiendos” o modalidades de parches, en pos de solucionar una brecha fiscal ensanchada, entre otras razones, por los gastos alegres, el descontrol, la falta de transparencia y el despilfarro en la administración pública.
Una reforma integral significa reacomodar, proporcionalmente, el modelo tributario, haciéndolo equitativo, para, de ese modo, reorientar el gasto a las áreas sensitivas y prioritarias del desarrollo humano y siempre bajo los rigores de una buena inversión y planificación en los ingresos.
Más carga para los que menos pueden significa ahondar las diferencias y las inequidades de una sociedad que ha operado en condiciones de injusticias palpables y enormes exclusiones sociales.
El nuevo presidente, licenciado Danilo Medina, tiene el raciocinio y buen temple para esta gigantesca tarea.
Eso esperamos.
Por: Z101digital